Particularidades de una crisis estructural en torno de la energía.

 

R. Gomez Mederos

 La crisis mundial capitalista y su reacomodamiento a escala planetaria, entre todas las contradicciones que presenta, la problemática energética es uno de los puntos débiles a resolver. En este escenario, América Latina juega un papel de importancia, ya que posee los bienes energéticos que los países centrales y sus trasnacionales necesitan.
Dentro del esquema mundial de reordenamiento territorial, la región conserva una posición de debilidad.


Los Estados y sus legislaciones, han sido moldeados para beneficiar, fundamentalmente, a las compañías extranjeras y las necesidades de demanda de las naciones que requieren de la energía, para no frenar su consumo interno y su posición de poder global.


La gestión energética cuenta como actores principales a las transnacionales del sector extractivo de capital intensivo, en las áreas de transporte, como también de distribución. Estas actúan mediante diversas estrategias, que pueden comprender, la asociación con compañías estatales, o la inversión en activos de éstas, produciendo una fuerte incidencia en el cupo de sus acciones y su capital en el área financiera.


El sector de distribución tiene enormes disparidades por región en los costos del KW, reproduciendo, de esta manera amplias desigualdades y generando un déficit de uso energético por sectores muy amplios de la población, produciendo en definitiva, empobrecimiento energético.


En el año 2015, los consumidores de Buenos Aires pagaban por 1.100 KW una tarifa de $134,22 los que lo hacían en EDENOR y $428,9 los que pagaban a EDESUR; mientras que en Jujuy, el costo era de $886,40. El primer ejemplo, muestra como en una misma provincia se pagan tarifas diferentes y con un amplio margen en el precio, en el segundo ejemplo, la diferencia entre Bs As y Jujuy es abismal. El problema de esto se quiere justificar por los costos de distribución y el valor de extracción de los recursos, pero si la energía fuera reconocida como un derecho y bien común, como un derecho humano básico, la regulación por parte del Estado debería actuar equilibrando, no solo el costo, sino también el acceso.


Las enormes ganancias de las empresas distribuidoras se contraponen con los servicios entregados al público consumidor, que va desde una deficiente infraestructura, hasta lo que mencionamos anteriormente, y que denota, entre otras cosas, la insuficiencia de un marco regulatorio que pueda generar equidad y coherencia en términos de justicia energética.

Fuente. Gensur, en base a datos oficiales. Año 2016

 

En este esquema aparece como efecto agudo de la crisis, la imposibilidad de la población de cubrir satisfactoriamente su necesidad de energía, requerida para  usos mínimos y lógicos, lo cual nos lleva indefectiblemente, a sumar a la pobreza estructural un ítem más: la pobreza energética.

La región de América Latina acumula valores de pobreza energética por 31 millones de habitantes sin servicio eléctrico, y 85 millones que no tienen gas natural, todo en el marco de una pobreza estructural.

La condición de los países de la periferia dependiente es tajante: solo para África y parte de Asia 1.200 millones de personas no tienen  electricidad  y 2.800  millones dependen de la biomasa tradicional para cocinar, se espera que para 2030, otros 1.400 millones estén en la misma situación.

 

El parámetro de competencia global por los bienes primarios, es al nivel de  conflagraciones violentas, desplazamientos de contingentes humanos y violación de los derechos universales básicos.

El remate de la corteza terrestre,  rica en minerales y diversos bienes primarios, se convierte en una gran subasta global.

Las desigualdades generadas a partir de un esquema de país dependiente, donde todas las formulaciones del Estado, en cuanto de sus bienes naturales, lo direccionan como proveedor energético primario, ocasionan que el mismo, abandone su soberanía y  seguridad energética a expensas de este modelo.

Los factores de seguridad y soberanía deberían estar garantizados en los territorios de la periferia, donde la suficiencia de recursos primarios generadores de bienes  energéticos (hidroeléctricos, hidrocarburiferos, energías limpias, etc.) es más que óptima; por el contrario, el suministro está relegado a los remanentes de disponibilidad del mega consumo de las corporaciones extractivas y la creciente primarización de la industria.

La durabilidad y resistencia de la energía, se encuentra de lleno con la contradicción, del derecho humano de acceso a la misma, como bien social y público,  contrapuesto a   la concepción de commodities y bien privado mercantilizado.

Fuente: Gensur

 

La seguridad energética debe prospectarse desde parámetros que garanticen sostenibilidad ambiental, hecho que hasta ahora las extractoras no tienen en cuenta.
El vínculo directo entre pobreza, energía y medio ambiente hace de esta problemática una causa estructural que toca directamente los índices de desarrollo humano.
Los niveles de desigualdad energética están atravesados por un contexto de pobreza estructural, que solo en Argentina se han incrementado exponencialmente durante el último trimestre de 2.016; la mitad de los argentinos vive con menos de $ 8.000 por mes y la brecha entre el sector más rico y el más pobre, se amplió 25 veces, según lo revela la estadística que el INDEC hiciera pública el mes de enero.


Para la fecha, las connotaciones de la pobreza y el aumento extremo en algunos sectores sensibles “juntó el aumento de la desigualdad con el aumento de la pobreza extrema", debido a "la reducción de las oportunidades de trabajo como changas, actividades de empleos eventuales y el impacto de la inflación"1
Está claro que algunas mediciones respecto de la pobreza energética se parcializan y obvian el contexto sensible que da marco a esta. El índice de desarrollo humano se completa con una diversidad de variables, que por razones políticas se discrimina y se aborda de manera arbitraria. Los índices de pobreza extrema, la declinación de las clases medias bajas y los sectores pobres no indigentes, se ven impactados en el plano de la adquisición y accesibilidad energética, requerimientos fundamentales para la satisfacción de las necesidades absolutas de energía .


Uno de los elementos con respecto de los índices de desarrollo humano (IDH) y los de emisiones de CO2, relacionado a la generación y consumo de energía, es que poseen un nexo particular de desigualdad y una ampliación de la brecha de emisiones, entre los llamados países desarrollados y los en vías de desarrollo.


Superar la pobreza y mejorar los niveles de desarrollo humano de la población en los países en vías de desarrollo es, necesariamente, una meta que va acompañada del aumento en el consumo de energía per cápita, por lo tanto las emisiones en torno de la generación y el consumo aumentarán también en estos países.


La fórmula para un equilibrio real en términos de no postergación de los países pobres y los en vías en desarrollo, con respecto a los desarrollados, es que estos últimos bajaran sustancialmente su nivel de emisiones, a la par de una transformación paulatina y real de sus matrices de consumo y generación, con base en las energías limpias y de la no expoliación de los bienes naturales de países de la periferia, lo cual requiere un cambio radical en el consumo energético de sus poblaciones, pero también de sus compañías extractivas, de gran uso energético, diseminadas por todo el mundo.


El aumento del consumo energía es proporcional hasta alcanzar un determinado umbral de IDH, el cual se indica como 0.700, al traspasar este parámetro, la proporcionalidad que se mantenía se pierde y el consumo aumenta exponencialmente.


La matriz de consumo energético de los países desarrollados como EE.UU, supera ampliamente estos niveles.


La proporcionalidad de un IDH justo, con un crecimiento que pueda sostenerse a partir de una matriz de generación diversificada, que tenga como objetivo la disminución de las emisiones contaminantes, como así también, la no intromisión imperialista en los países pobres para la extracción de energías extremas, ultra contaminantes y de fuerte impacto sobre los territorios, es cada vez más necesaria.

 

Fuente: Pobreza energética en América Latina. Rigoberto García Ochoa. Comisión Económica para América Latina y el Caribe

 

Un ciudadano de América Latina emite 2,9 toneladas de CO2, es decir la sexta parte de lo que emite un estadounidense, un europeo emite 7,2 toneladas. Fuera de África, la región es la que menos emisiones tiene. A la vez, los índices de desarrollo humano de la región son más bajos que los de EE.UU o Europa, sin contar China y Japón. El no reconocimiento por parte de los países desarrollados, del bajo impacto, como también de las insignificantes emisiones producidas por los países más pobres, a partir de los usos procedentes de la energía, se contradice con las expectativas de reducción de las emisiones y el aumento de los índices de desarrollo humano, además de mencionar la compra de bonos de carbono, por parte de estos, para la libre contaminación.

 

Fuente: Pobreza Energética en América Latina. Rigoberto García Ochoa. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

 

Todas las actividades humanas están relacionadas al uso de la energía. El acceso a energías limpias y asequibles, constituye valor en sí mismo y forman parte de una necesidad cualitativa respecto de un desarrollo humano coherente con el ambiente y el entorno en que las personas pueden satisfacer sus necesidades absolutas y no relativas.


Es también coherente decir que no hay desarrollo humano tal, ni acceso a cubrir las necesidades absolutas de energía, si el contexto social y económico indica pauperización del trabajo y el entorno, no solo de la población usuaria, sino también los trabajadores del sector, involucrados en la cadena de producción energética.
La vinculación de la energía con el impacto de su uso y generación en el ambiente, debería determinar un factor de pobreza.


El impacto de estos procesos sobre el ambiente, a través de la polución, los remanentes contaminantes de la generación y la materia prima utilizada para tal fin, modifican la calidad de vida de los conglomerados humanos, donde esta se desarrolla. El hacinamiento urbano cercano a las plantas generadoras, como así también las transformadoras de energía, suponen un riesgo para la salud de la población.


Más de la mitad de la población mundial vive en las ciudades. El acceso a una vivienda bioclimática y sustentable ambientalmente, sería un avance en términos de ahorro energético. En los edificios actuales se podría reducir la demanda eléctrica para acondicionamiento climático entre un 30-50 % y los de última generación, entre el 90-95 % 2, también un derecho social que marca los niveles de accesibilidad y soberanía energética.


Los efectos del cambio climático generados mayormente por los gases de efecto invernadero, tienen un alto impacto sobre la economía, haciéndose necesaria la reformulación del uso de los combustibles fósiles, que intervienen en la generación de energía eléctrica.


El contenido de estos gases sobre la atmosfera es un 25 % superior al existente en los últimos 160.000 años. De continuar ejerciendo el actual modo de generación y consumo, la estimación del calentamiento global en grados, sería del 0,3 % en diez años, el incremento promedio ha sido de 0,2 % por década, lo cual indica un aumento del 5 % para el 2.050, es decir, muy superior a lo necesario para frenar los impactos sobre el ambiente. Las emisiones globales deberían reducirse en un 60 % aproximadamente.


Es casi imposible construir un escenario que pueda darnos una perspectiva y orientación global acerca de la crisis energética en general, sin antes diferenciar certeramente cada arista de la problemática. En este sentido, el cambio climático es una de las particularidades que hace de esta una centralidad, que condiciona al mundo capitalista y su desarrollo contemporáneo. La humanidad toda, como así también el capitalismo, como sistema económico, social y político, se enfrenta al necesario desafío de generar más energía, con menos emisiones de dióxido de carbono.


La construcción de escenarios futuros no puede soslayar el crecimiento demográfico como factor primordial, a la hora de diagramar soluciones tangibles. La población mundial se ha duplicado desde 1.950 y se prevé un incremento del 50 % a partir de 2.050.

 

Fuente: L. Matcha; T.A Boden

 

El vínculo entre crecimiento económico, desarrollo humano y emisiones de CO2 es indisoluble. El paradigma de crecimiento y desarrollo nos da: a mayor desarrollo, más demanda energética, y a más demanda energética, más emisiones de CO2. Este esquema choca de frente con las necesidades de crecimiento de los países en desarrollo y los que están en la periferia pobre, inclusive postergados regionalmente por aquellos en vías de desarrollo (BRICS). Estos, además, viven en carne propia la estrategia de sus Estados, de convertirse en territorios ofertantes de materia prima básica para la generación de energía, además de la instalación física de grandes industrias extractivas, demandantes de grandes flujos energéticos.


Las dimensiones del uso social de la energía, están atrapadas en la trilogía energía, pobreza y medio ambiente. La irracionalidad en el uso, no es precisamente el único punto crítico de la problemática, sino más bien la injusticia energética, generada por una visión mercantilista y comercial del bien energético, además de su carácter estratégico y geopolítico.


La marcada necesidad global de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, tiene a la matriz de generación energética como elemento más que importante, a la hora de construir políticas públicas.


Las altas emisiones de variados tipos de gas, producidos por la extracción de no convencionales y de la gasificación subterránea de carbón, compuesta primordialmente por metano, constituyen un escenario crítico en torno del calentamiento global. La destrucción de territorios libres de emisiones, a partir de la construcción de esquemas de generación energéticos, produce desplazamientos y éxodos de grandes contingentes humanos, que no está lejos de aumentar.


Es claro el cruzamiento de dos partes del modelo capitalista críticamente extractivo, que inciden en sobe el calentamiento global, por un lado las emisiones de metano por la extracción de remanentes de petróleo convencional, no convencional, y de gas de las cuencas de carbón subterráneo, y por el otro, un modelo de agricultura industrializada, con la producción de carne vacuna, mediante la reproducción y engorde del ganado, que también produce grandes cantidades de metano.

 

A partir del modelo primarizador extractivista, la minería subterránea, contribuye con las emisiones de gases de efecto invernadero, ejemplo de esto son las máquinas de combustión interna, que pueden liberar gran cantidad de contaminantes, hasta 0,3 m3/min por HP (1,34 HP = 1.000 Vatios). Los gases presentes en este proceso son monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, aldehídos, humos, metano y dióxido de azufre 3.


El modelo de producción de energía en torno de una economía de enclave y fuertemente exportadora, requiere enormes cantidades de hidrocarburos.


Dentro la línea de consumo energético extremo, se encuentra el discutido emprendimiento minero Potasio Río Colorado, para la extracción de Cloruro de Potasio, con reservas por 50 años, de 2.000 millones de toneladas. El mismo se ubica en la categoría de Depósito de Clase Mundial (WCD), teniendo en cuenta que la producción y el consumo anual de cloruro de potasio en su aplicación como fertilizante ronda las 30 millones de toneladas. Potasio Rio Colorado es un proyecto mega-consumidor de energía, y para su funcionamiento son necesarios: la afectación exclusiva de una planta de producción de gas no convencional, 120 km de línea eléctrica de alta tensión con destino solo a la planta, la línea transmisora Comahue – Cuyo, un tramo de red ferroviaria de 378 km que enlace el yacimiento con la red existente, una acopiadora y un puerto exclusivo en Bahía Blanca 4.


El desarrollo del emprendimiento, ubicado en Malargüe, se vincula con “la demanda de fertilizantes, especialmente potásicos la cual creció exponencialmente en la última década, arrastrando su precio en el mercado mundial. En el 2008 la cotización oscilaba en los u$ 500 la tonelada, pasando a cotizar a u$a 850 en el 2009…” en el mismo sentido “el precio del potasio está vinculado, entre otras cuestiones, con el proceso de sojización, bajo el modelo de los agronegocios y la implementación de los agrocombustibles (producción etanol y metanol) en Brasil que hoy es el segundo exportador mundial de granos de soja. Asi se explica por qué Brasil es el primer consumidor y demandante de fertilizantes potásicos en Latinoamérica y el quinto a nivel mundial” 6.


Este proyecto muestra como el lobby extractivista opera en Argentina, favor de las transnacionales, y como se enlaza el entramado de vinculaciones de esta anatomía extractiva, en los distintos lugares del planeta, interviniendo nuestro país, como proveedor energético y exportador de materias primas.

 

Vale, la compañía a cargo de Potasio Rio Colorado, acordó con YPF la extracción de gas no convencional de Vaca Muerta, para usarlo como combustible. Un millón de m3 de gas/seg (lo mismo que consumo de toda la provincia de Mendoza),  318 Gwh de electricidad,  la utilización de grandes volúmenes de agua (1.000 litros/seg), son algunos de los parámetros energéticos proyectados para el emprendimiento 5.

El problema de la energía a escala planetaria y su correspondiente crisis, tiene particularidades concretas, pero centralmente es producto de un modelo de crecimiento y desarrollo basado en el ultra consumo energético, que no solo sirve a la lógica de los mercados, sino también al sostenimiento, como lo es centralmente en EEUU, de una sociedad que pueda justificar al capitalismo, como única forma posible de realización de la producción económica y social.


Las variantes que inciden, desde distintas direcciones, en el momento más crítico de la humanidad, donde está en juego la supervivencia misma de la especie, no tiene vuelta atrás.


El margen de manejo de una situación como la actual, es mínimo, crítico y por demás sensible. En este pequeño espacio, es donde se maniobra una solución posible, de sobrevivencia de la humanidad toda.


Nuestra casa común, este globo terráqueo mil veces vapuleado y lastimado por las heridas infringidas por un sistema-mundo en decadencia, no puede darle a esta humanidad la tercera parte de lo que requiere, para seguir reproduciendo un modo vida violenta y destructiva.


En este juego de sobrevivencia, la energía juega un papel central. Es a partir de esta, que el sistema capitalista, ha llevado al planeta, en tan solo 250 años, al límite de sus capacidades, desarrollando este modelo de mundo, que ha puesto en riesgo la sobrevivencia de nuestra especie.

 

Fuentes:

1-http://www.ambito.com/868581-uca-estiman-que-aumento-la-indigencia-en-el-ultimo-trimestre-de-2016
2-http://www.greenpeace.org/espana/es/news/2010/November/5-de-junio-d-a-mundial-del-me/
3- http://www.revistaseguridadminera.com/operaciones-mineras/tipos-de-gases-en-mineria-subterranea/
4- Silvia Leanza. Ecosur. Neuquen. Informe de Impacto Ambiental potasio Rio Colorado. http://juicioalastransnacionales.org/2010/12/audiencia-publica-por-el-trencito-de-potasio-rio-colorado-una-madeja-con-muchos-hilos-para-tirar%E2%80%A6/
5- Idem 4
6- Idem 5

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