Implicancias globales sobre la seguridad energética

Patricia Paroldi

 

La era de los combustibles fósiles, como fuente principal de energía, no ha concluido, pero se encuentra en franco retroceso. A pesar de la implementación del fracking como método “salvador” para la extracción de petróleo y gas no convencionales, los niveles de producción de crudo abundante y barato, continúan disminuyendo.


La expansión de la economía mundial, junto al crecimiento de la población, y el acceso a mejores condiciones de vida de grandes masas humanas, genera una permanente tensión entre demanda creciente de energía, y el fuerte impacto que esto conlleva, sobre el medio ambiente.


Se estima que las reservas convencionales de petróleo se habrán agotado para el año 2040, las no convencionales para el 2060 y al menos en 2070, las de gas, aunque algunos escenarios extienden este último más allá de finales de este siglo 1. (Escribano, 2006)


La utilización de petróleo como fuente central de energía, fue uno de los principales elementos de poder, aunque no el único, que signó y sentó las bases del mapa geopolítico a escala global, y transformó las formas de organización de la vida social, como hasta entonces se conocía. El mismo, contiene una capacidad energética sin precedentes hasta su descubrimiento, y de difícil sustitución en la actualidad, ya que continúa siendo la fuente más barata de energía.


“Cada barril de petróleo equivale a veinticinco mil horas de trabajo humano y tiene una capacidad energética 40 veces superior a la del carbón”2. (Shor, 2009)
Los países poseedores de dicho recurso, accedieron a beneficios superlativos, otorgándoles la supremacía económica y militar, como es el caso de EE.UU. Desde entonces, los procesos productivos de la industria civil y militar se han dinamizado sin parar, alcanzando, hallazgos, innovaciones y resultados antes impensados.

 

Fuente: EIA.US Energy Information Administration. Para el año 2013.

 

Si observamos a nuestro alrededor, casi todo cuanto nos rodea, proveniente de la naturaleza, y transformado por la industria, debe su existencia a la utilización del petróleo. Éste y sus derivados tienen una multiplicidad de aplicaciones, tantas, que muchas veces desconocemos.


El crudo, junto con el gas y el carbón, son los que en mayor porcentaje se emplean en la generación de energía eléctrica, destinada tanto a procesos productivos, como a la calefacción y el acondicionamiento. La petroquímica es la industria que utiliza el petróleo, el gas y sus derivados como materias primas, para obtener los productos utilizados por la industria, el transporte, y la agroindustria, tales como, fibras textiles, plásticos, detergentes, medicamentos, agroquímicos, lubricantes, cauchos, gomas, látex, jabones, cosméticos, perfumes, tintes, pinturas, etc., todos ellos presentes en nuestras vidas, mostrando la importante gravitación del petróleo y sus derivados en toda la industria.

Fuente: EIA US Energy Information Administration.  Año 2015

 

La particularidad china.


El carbón es la principal fuente de energía del dragón asiático. Este combustible fósil aporta el 66% de su matriz energética, seguido, en un segundo orden, por el petróleo, con una contribución del 20%, por el gas, en un 5% y de manera minoritaria, las energías renovables, que sumadas, representan el 9%.


Desde 2010 es el país con mayor consumo energético del mundo, sobrepasando a EE.UU. Actualmente, es el más grande productor de carbón, con un 46,4%, seguido por EE.UU. con el 11,7%. Posee la tercera reserva de carbón más grande del mundo, después de EE.UU. y Rusia, con casi el 13% del total mundial.


Las tendencias en el consumo de su economía, indican que el carbón continuará siendo, por varias décadas, su principal fuente de energía. Pero, aunque su producción sea sostenida, ha llegado a su pico máximo o cenit, obligando al país asiático a importar carbón desde cualquier latitud posible. En relación con esto, se espera que la demanda de crudo crezca de manera sostenida en los próximos años y convierta a China en el principal importador mundial de petróleo.


De manera prospectiva y con la finalidad de reducir dependencias, apuesta fuerte a la generación de energías renovables y proyecta ampliarlas, hasta alcanzar el 20% de su matriz energética para el año 2030.


…”en 2013 China instaló más capacidad en energías alternativas que toda Europa y el resto de los países de la región Asia-Pacífico en conjunto”.3 (Deheza, s.f.)

En consecuencia, China se extiende por el mundo ampliando sus influencias, y compite con otras potencias, por los recursos del planeta. El Dragón Asiático se ha convertido en el gran contentor mundial, con una participación protagónica en el proceso de las grandes transformaciones y conflictos que están en curso y se avizoran, a escala mundial.

Fuente: EIA.US Energy Information Administration
(*) Porcentaje del crecimiento mundial esperado en el periodo.

 

Dependencia Energética y Seguridad.


El capitalismo mundial necesita de la energía para su funcionamiento; cualquier inestabilidad en su producción, transporte y distribución impacta de manera decisiva, en la estabilidad de los países y en el sistema global. La energía es un factor geopolítico y geo-económico estratégico, central en la relación entre los países, por lo tanto, es también fuente de conflictos, alianzas y realineamientos a escala local-global.


El sostenimiento, durante poco más de dos siglos, de una matriz productiva de consumo irrestricto, tanto de energía como de recursos naturales, con la consecuente emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, se traduce hoy en amenaza climática, bajo el nombre de calentamiento global.

Fuente: EIA US Energy Information Administration.  

 

Los problemas de suministro de combustibles fósiles, como altos precios, falta de disponibilidad geológica de los mismos, baja inversión, dificultades en el transporte, enfrentamiento bélico en países productores o de tránsito, como así también la inestabilidad del factor climático, se convierten en problemas de seguridad energética para los países, a partir de lo cual, se ejecutan estrategias y políticas específicas con la finalidad de aminorar los impactos, garantizar el aprovisionamiento energético y asegurar la gobernabilidad.


Las dificultades para acceder a la energía, atenta contra la seguridad de los países y es fuente de conflictos internacionales. Existe en la actualidad una fuerte disputa por el acaparamiento y control de los recursos energéticos a escala global. Es claro, en este sentido, que quien domine la energía, se convierte en el actor político dominante a nivel planetario.

 

Seguridad Energética.


El concepto de seguridad energética tiene varias acepciones y significados, dependiendo por supuesto, del agente económico que la sustente y de la posición que este ocupe dentro del esquema energético y de poder mundial. Los agentes económicos involucrados son: los países y sus gobiernos, sean estos productores, consumidores o de tránsito, las compañías transnacionales, tanto productoras y distribuidoras, organismos internacionales intervinientes (OPEP, OCDE, OMC, AIE, etc.)a, organizaciones ambientalistas, y consumidores o ciudadanos.


Podemos sintetizar tres visiones generales a partir de las cuales se concibe el vínculo energía-seguridad. En primer lugar, existe una visión restringida donde “la energía se vincula a la seguridad misma del Estado y a la competencia internacional por recursos considerados estratégicos; desde este punto de vista, la posesión de energéticos confiere un valioso y codiciado recurso económico y de poder nacional”. Desde otra visión más amplia, “el factor energético se vincula a la seguridad de la sociedad, es decir, a la posibilidad de desarrollo y consolidación de las instituciones y a la oportunidad de crear y preservar las condiciones de autonomía para las personas, en esferas que van desde las necesidades individuales primarias hasta las relativas a la convivencia en una comunidad mundial cosmopolita (Held)”. Los energéticos son considerados, desde esta perspectiva, un recurso necesario para el desarrollo humano”4 (Elsa Cardozo). Aunque este enfoque incorpora el factor humano, no deja de concebir a la energía como a una mercancía. Y por último, una tercera visión, que incorpora a la ciudadanía como agente político decisor del modelo energético que se quiera implementar, “atendiendo a la realidad de sus propios recursos, límites y posibilidades, maximizando una cultura energética esencial de contención, ahorro y eficiencia y teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad y defensa de los Derechos Humanos como marco de referencia del mercado energético global (…) que el ciudadano de a pie se transforme en un agente activo, capaz de producir energía, así como de gestionarla de manera responsable. El autoconsumo puede ser la herramienta más eficaz para generar soberanía energética” 5. (Cote Romero y José Vicente Barcia).


En la primera visión prevalece la idea de control y competencia, que puede llevar a la confrontación por los recursos energéticos necesarios para garantizar la seguridad nacional. Es el caso de EE. UU. y las guerras por el control del petróleo contra Irak, y los países árabes. En la segunda, prevalece la idea de concertación y complementación, en un espacio de interdependencias recíprocas, poniendo centro en el abastecimiento energético para la sociedad y sus miembros. Ejemplo de esto son los múltiples acuerdos de la Unión Europea, tanto con Rusia y otros países, para el aprovisionamiento energético a través de una red de gasoductos. Elementos de ambas visiones se combinan en distintas proporciones, según las regiones y los bloques de poder mundial, estableciendo un espectro de prioridades y líneas posibles de acción estratégicas. Y la tercera visión, que encarna la idea de energía como un bien social y derecho humano, donde el ciudadano activo es capaz de intervenir en el diagrama de distribución, transporte y generación de esta, interpelando al Estado desde el derecho al acceso, pero también en cuanto de cómo se produce la energía y de los impactos sociales, económicos, políticos y ecológicos, en todo el proceso y la dinámica, que requiere a la generación de la misma; sin olvidar el derecho a producir recursos energéticos de manera autónoma y sustentable (autoconsumo). Es el caso de la Comunidad Valenciana, en España, que lanzó el “El Plan de Fomento del Autoconsumo de Energía Eléctrica”. El plan incluye incentivos fiscales para particulares (deducción del 20% de las cantidades invertidas en instalaciones de autoconsumo realizadas en la vivienda) y préstamos para pequeñas y medianas empresas (pymes).

Fuente Secundaria: ssociologos.com /2014/01/08/por-que-impide-rusia-la-expansion-de-la-union-europea-hacia-el-este/

 

Conclusión.

Estamos al comienzo de una era de grandes turbulencias y profundas transformaciones. La finitud de los recursos fósiles, junto a los efectos climáticos y contaminantes del modo de producción, reestructuran la agenda de las principales potencias y sus aliados, poniendo en evidencia los límites económicos, de equidad social y ecológicos, propios del sistema económico mundial.

La energía y los recursos que la generan, se encuentran en disputa. Para el mercado cartelizado de la energía, este es un negocio de grandes dividendo; cada ciudadano es un consumidor y cada consumidor, es un cliente.

“…la relación de eficiencia del capital privado, es distinto a la relación de eficiencia del capital social o del Estado. En el primero, tiene que lograr una eficiencia que se mide por la tasa de ganancia, a mayores tasas de ganancia, menores costos, mayor venta, mejor eficiente es el funcionario; pero en el sector público no es así. En el sector público, la ganancia del capital, el beneficio del capital, es un beneficio social, es para toda la población, no para los 200 o 10 mil accionistas de la empresa…” 6 (Herrero)

Para los países, el aprovisionamiento continuado y sostenido de la misma, es condición de soberanía, pero su generación y distribución, continúa siendo objeto de flujos económicos transnacionales, que condicionan fuertemente a los Estados, quienes ceden, en muchos casos, voluntariamente, sus capacidades de decisión y control de sus territorios.

El término de soberanía “…se ha ido reconstruyendo y redefiniendo a partir de prácticas de lucha, a escala planetaria, por parte de los sectores dañados y excluidos del sistema económico mundial”7. (Paroldi)

El concepto de seguridad energética, debe concebirse en términos de soberanía y justicia social, pero también a partir de la incorporación de la naturaleza como sujeto de derecho pleno, y en la comprensión consiente, de la dependencia humana respecto de ella. En este sentido la energía es entendida como bien social, no como mercancía, y por lo tanto, como derecho humano, de los pueblos, universal e inalienable.
Las nociones de bienestar y buen vivir, de autonomía y autodeterminación, ya son parte y se encuentran en la palestra de las resignificaciones de los procesos históricos vivos de estos tiempos.
La intervención de los trabajadores y los pueblos en general, en la construcción de una política activa respecto de la soberanía energética es fundamental en para la confrontación y creación de alternativas a esta matriz de depredación global.

 

Notas:


a- OPEP. Organización de Países Exportadores de Petróleo.
OCDE. Organización Para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
OMC. Organización Mundial del Comercio.
AIE. Agencia Internacional de la Energía.


Fuentes:


1- Gonzalo Escribano. http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt33-2006
2- Sohr, Raúl. Chau, Petróleo. El mundo y las energías del futuro. Ed. Debate. Chile.2009.
3- http://www.energiabolivia.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3295&Itemid=105
4- http://nuso.org/articulo/la-gobernabilidad-democratica-regional-y-el-papel-desintegrador-de-la-energia/
5- http://www.ecologistasenaccion.org/article25354.html

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