De la cuota de importación de combustibles regulada, a la liberalización de la misma y las Traders.

Autor: R. Gomez Mederos

El conjunto de acciones y efectos en torno del proceso productivo energético argentino, está atravesado por el modelo de desarrollo imperante en Argentina desde la dictadura a esta parte, en la cual la petrolera de ban-dera YPF, ha sufrido todo tipo de mutaciones a lo largo de este periodo. Cuando para los intereses del capital global fue necesario privatizarla fue privatizada, y cuando la compañía sirvió para salvar del ahogo a la corporación Repsol, o como intermediaria para el traspaso de grandes cantidades de renta a las transnacio-nales, la petrolera fue adaptada a la nueva funcionalidad, que la geografía económica global requería.


En ese sentido en el segundo periodo kirchnerista, la apertura a la importación de combustibles líquidos, aunque regulada por una cota establecida en el presupuesto, fue operada en su mayoría por una estructura oligopólica, intensamente concentrada y extranjerizada, establecida también a conveniencia de las operadoras y los Traders internacionales (Comerciantes) más influyentes en el mercado de los combustibles.


Se estableció un escenario de aparentes contradicciones entre la producción de las operadoras, la venta para las refinerías y la importación de combustibles, que en realidad esconde un jugoso negocio para las operadoras que exportan e importan a la vez y las Traders.


Las motivaciones de doble negocio, importar y exportar, está marcada por los subsidios a las exportaciones, con la excusa, por un lado, de los excedentes no ubicados en el mercado de la refinación interna, y por el otro, a la quita de impuestos para la importación.


Luego de la compra del 51 % de las acciones de YPF por parte del Estado argentino, comienza ese proceso en el cual los actores principales en torno de la renta petrolera adoptan posicionamientos y estrategias de disputa, en un contexto de crisis y baja del precio internacional del petróleo. El sistema productivo fue blanco de la intermediación del Estado que pautó los mecanismos de apropiación y estabilidad en relación con la producción, la distribución y el transporte energéticos, lo cual sentó las bases para una cuantificación en alza, aunque suave al principio, y magnificado actualmente, de las tarifas de servicios públicos, principalmente gas y electricidad. A su vez, dicho proceso decanto en un aumento de los subsidios a las compañías extractoras, y también la condonación de deuda a las operadoras eléctricas, por casi $ 20.000 millones, además del precio del barril de petróleo por arriba del precio internacional en el llamado barril criollo, a US$ 67 promedio.

 

Un trader, en finanzas, es una persona o entidad que compra o vende instrumentos financieros (acciones, bonos, materias primas, derivados financieros, etc.), como agente intermediario, especulador, arbitrajista u operador de cobertura. Un trader puede trabajar por propia cuenta, en un fondo de inversión, en un banco (banca mayorista, "Corporate & Investment Banking") o en otra entidad financiera. Las Traders de combustibles más importantes son Trafigura, Gunvor, Glencore y Shell Western.

 

Las modificaciones operativas de las petroleras más importantes de América Latina, como lo muestran los casos de Petrobras y Pemex, son muy similares.
Son varios los elementos que marcan la crisis energética local, el aumento del consumo energético de la población, la demanda de las transnacionales mega-consumidoras, el modelo primarizador de la económica, acotado en clave extractiva, que requiere de una impronta energética maximizada, el componente de importación de combustibles y los grandes subsidios a la producción, beneficiando enteramente a las transnacionales petroleras más importantes, todo en un contexto de agudización de la pérdida del auto abastecimiento.


La captura de excedentes y rentabilidad en dólares por parte de las operadoras, se realiza a partir de esta doble estrategia importadora-exportadora. Los recursos generados por la renta petrolera, deberían colocar a YPF en el centro de la reformulación de los servicios financieros, con el objetivo de generar un nuevo esquema de desarrollo interno, como así también la diversificación de la matriz de generación energética, consolidada con la democratización de las decisiones en esta materia, donde la consulta y la participación de las poblaciones, sea un modo de operación lógico a la hora de decidir, sobre todo las formas de producción y de justicia en cuanto a la distribución de la energía.


Es imposible no vincular el modelo energético con el “modelo de desarrollo”, el cual está pensado desde una perspectiva, donde los bienes comunes, energéticos y no, son intervenidos desde una matriz exportadora, fundamentalmente.


A mediados del 2014 el gobierno dispuso una baja del 5 % de los combustibles, principalmente del gasoil y las naftas; en cuanto del ajuste a la baja de los distintos tipos de crudo, estos se establecieron entre un 8% y 10%, lo cual daba 7 dólares menos por barril a partir de 2015, en paralelo a esto, el Estado desembolsó enormes cantidades de dinero en incentivos a la producción adicional de petróleo, que incluía a las exportaciones de este, es decir, todo el esquema de producción estaba preparado para que las operadoras nunca perdieran, a pesar de la baja sustancial del precio internacional.


La centralidad e importancia de YPF, pero además, de todo el sistema energético, ha beneficiado la alta concentración corporativa y rentística, junto con la remisión al exterior de utilidades con grandes beneficios en materia impositiva en el ámbito de la exportación, pero también de la importación, como veremos en este trabajo.


En 2014 el precio internacional del crudo acusaba una baja de alrededor del 50 %, provocando un reacomodo de las estrategias de las empresas más importantes del sector, con lo cual los Estados productores obtuvieron un menor ingreso de la renta petrolífera, pero además, debieron incentivar la producción con altos subsidios para no perder la cuota de mercado y a la vez, en un país como el nuestro, no caer en un desabastecimiento mayor.


En ese contexto la apropiación de mayor renta por el sector oligopólico extranjerizado, con YPF a la cabeza intermediando en acuerdos que van desde un pacto secreto con Chevron a formar parte de un esquema que ronda la entrega de nuestros bienes energéticos. El marco de la baja de combustibles líquidos en los surtidores de expendio, estuvo condicionado por la quita de erogaciones impositivas de los combustible y el gas, además de la baja sustancial en las obligaciones impositivas en el ámbito de las exportaciones, pero también el agregado del negocio de las Traders y algunas petroleras históricas mas importantes en el área de la refinación, transporte, distribución y venta de combustibles líquidos y derivados, que en el marco de la crisis interna, en términos de la dolarización de los precios locales, origino una brecha entre los precios de refinación producida en el país y el valor de los combustibles ya refinados e importados, lo cual fue sustancialmente aprovechada por algunas empresas.


La cuota de importación de combustibles desde 2013 a la actualidad fue legalizada en el presupuesto de ese año y aprovechada por las refinadoras más importan-tes, las que concentran el 95 % del negocio, comen-zando por YPF, Axxion, Shell (que como veremos es una de las beneficiadas en este negocio, por el gobierno de Macri y Aranguren), Petrobras y Oíl M&S, la compañía de Cristóbal López. En este periodo, el cupo de importación era de 3,5 millones de m3 para el gasoil y 250 mil m3 para las naftas, lo que representaba el 5 % del mercado, la ley sostenía, que esto podía ser operado, siempre y cuando, los precios promedios de importación de combustibles sin impuestos, fueran menores a los precios refina-dos en el mercado local.1


Entre 2013-2014 los precios internacionales cambiaron levemente en alza, lo que modifico el precio de los combustibles en los surtidores, que en ese mismo periodo, sufrieron un aumento de casi el 90%, al unísono de esto la ley seguiría vigente con las mismas reglas. Sobre 2014, como si esto fuera poco, la cuota, para el caso del gasoil, se multi-plico al 100% y para las naftas se cuadriplicó, cuantificando la renta sobre el conjunto del sector, pasando al 20 % del mercado en el caso del gasoil y al 10 % para las naftas.

Fuente: Elaboracion Gensur en base a datos de Ministerio de Energia y Mineria de la Nacion.-


Para mediados de 2015, cuando los precios internacionales del crudo tendían a estabilizarse por una tibia retracción de la oferta en razón de acuerdos con Rusia y países de la OPEP, los condicionamientos de las clausulas de 2013 para importar combustibles fueron eliminadas, comenzando hasta ahora con la liberalización del mercado importador.


La dinámica de importación de combustibles líquidos ha ido avanzando con un aumento del porcentaje a importar. Los viejos-nuevos actores, las Traders energéticas, se fortalecieron en esta última parte. En este sentido el retiro de parte de OIL del negocio de importación de combustibles, en gran medida forzado por la obligación de erogar capital por deudas con el Estado, mas un fuerte lobby de las empresas cercanas al Ministro de Energía, modificando en parte las reglas de juego en el negocio de la importación, imponiendo una tendencia directa a la liberalización, es decir un posicionamiento del gobierno a favor de las compañías del sector, y en detrimento de la seguridad y la justicia energética de los ciudadanos.


Las Traders energéticas en el mercado de los combustibles se ubican en dos sectores importantes; el manejo de las bocas de expendio directamente, como el caso concreto de la rusa Gunvor, que adquiere la mayor parte de OIL posibilitándole controlar la refinería a las afueras de Rosario para cubrir la demanda de 360 estaciones de servicio; y Trafigura, compañía holandesa, que opera las estaciones Puma, y tiene interés de adquirir la refinería de Bahía Blanca de Petrobras, hoy controlada por Pampa Energía, para quedarse con casi 200 bocas de expendio. Además, las Traders participan en la importación de combustibles para el sector que genera energía eléctrica, donde interviene Cammesa.


Entre los meses de enero y septiembre de 2016, la holandesa Trafigura importó 36.600 m3 de gasoil, en el mismo período, la compañía suiza Glencore, transporto 5.400 m3. Los primeros 9 meses del mismo año, la importación de gasoil creció de una manera que hizo difícil la posibilidad de regular su ingreso al país, con un porcentual del 25,5%, dejando un margen estrecho a las históricas operadoras del sector y estancando el mercado primario. Sin contar con lo que Cammesa requiere para la generación de energía, los valores de YPF, Shell, Axion, Pampa Energía (ex Petrobras) y Oil, así como algunas Traders, como Trafigura, importaron 1,83 millones de metros cúbicos (MMm³) entre enero y septiembre de 2016, para abastecer el mercado in-terno. Son casi 400.000 m³ más que durante el mismo período de 2015, cuando se importaron 1,46 millones de m³, llevando a las productoras más importantes al filo del colapso y al límite de su stock, el cual debería entrar en las plantas refinadoras para su procesamiento.


La traducción de las políticas aplicadas por este gobierno y el anterior, en cuanto de la importación de combustibles líquidos, está atravesada por un esquema de estructura donde prima el interés de la ganancia y la mercantilización de los bienes energéticos, por arriba de un esquema que pueda hacer uso de la potestad del Estado sobre ellos y que éste pueda ser codificado en términos de derecho soberano.


En marzo de 2016, casi un año atrás, Oiltanking, la operadora de almacenaje ubicada en Bahía Blanca, donde confluyen el oleoducto de Oldelval que parte, desde Neuquén con el petróleo que se produce en el Golfo San Jorge, llegó al límite de su capacidad por la sobreoferta generada a través del enroque de combustible importado, por el petróleo a refinar en territorio nacional. La terminal puede acopiar solo 18.000 metros cúbicos, lo cual, en el marco de una dinámica de procesamiento de crudo permanente, es normal para esa terminal, pero como en el caso de Chevron, Entre Lomas, Pluspetrol, Medanito y CGC acopiaron el 15% de su producción, con lo cual en la práctica se cayeron varios de los contratos de venta de crudo a los refinadores y en consiguiente los productores reformulan su esquema de cuota de mercado en pos de no perder sus ganancias, con lo cual el ajuste, como ya se vio a comienzos de mayo de 2016 recayó en los trabajado-res de la industria del petróleo. Para esa fecha se per-dieron 3.200 empleos en la cuenca neuquina según datos suministrados por el Ministerio de Trabajo de la Nación, desde el gremio, para el mismo periodo, hubieron 1.200 obreros suspendidos, a lo que hay que sumarle una importante cantidad de despidos encubiertos a través de los retiros “voluntarios”2. Para mayo de ese mismo año las compañías YPF, Panamerican Energy (PAE), Tecpetrol y Sipetrol son las que tuvieron la mayor cantidad de despidos y suspensiones3.

 


En este marco de crisis y contradicciones, el actual Ministro de Energía y Minería, Aranguren, le otorgó 7 de las 8 licitaciones para importar combustibles, a la holandesa Shell, de la cual, posee $ 13 millones en acciones Clase A, además de haber sido su directivo más importante hasta junio de 2015.


En marzo de 2016 se convocó a 22 proveedores, solo 9 del total, participó de la licitación, BP, Cargill, Shell Western, Gunvor, Lukoil, Vitol, Noble, Glencore y Trafigura. Fue Shell Western, unidad de trading de la anglo holandesa Royal Ducth Shell, la que se quedó con siete de los ocho cargamentos, doblando su suerte del año anterior, cuando consiguió solo cuatro; el cargamento restante quedó en manos de la Gunvor. En ese momento, Cammesa pagó cerca de US$ 18 millones por cada barco de gasoil importado, y un total de US$ 150 millones por los ocho cargamentos que fue-ron solventados con subsidios del Tesoro nacional.


Ya en 2003, US$ 550 millones fueron destinados a la importación de combustibles provenientes de otros países, sobre 2012, la cifra ascendió a US$ 10.254, produciéndose un aumento del 1.765%. Este valor indica el escenario, en ese momento, del sistema energético argentino, marcado por un rumbo sin re-torno y una dinámica poco beneficiosa para el Estado argentino.


En 2003, Argentina contaba con importaciones por un valor de US$ 13.851 millones, de ese total, solo el 4% correspondía a combustibles; ya en 2012, de US$ 67.880 millones, combustibles ocupó el 15 %.


La lógica de la maximización y la disputa por la renta de los hidrocarburos, es compartida por las exportacio-nes; 2003, la Argentina tuvo ingresos por US$ 5.380 millones por la venta de combustible a otros países. Diez años después esas operaciones reportaron US$ 6.343 millones; lo cual significa que, la exportación combustible se incrementó un 18%. Una lógica en con-sonancia con el jugoso negocio de la producción para exportar y de la importación sin impuestos para el mer-cado interno, que terminan pagando los usuarios de los combustibles líquidos y el Estado a través de subsidios. Esta dinámica muestra, la mercantilización de los bienes energéticos, y el riesgo que esto significa en términos de soberanía y seguridad energética para la Argentina.


La paulatina disminución del stock de gas natural, in-sumo principal en la generación eléctrica, no ha parado hasta la actualidad.


Hacia 2.006 las primeras importaciones de gas proveniente de Bolivia sumaban 69 millones de dólares; 10.680 millones de dólares se pagaron al exterior en concepto de remesas de gas. El promedio de 2.015 fue el doble de 2.016, correspondiendo para el prime-ro, 2.145 millones de dólares, frente a US$ 1.025, para el segundo, con la particularidad de que se registraba una baja en el precio internacional, para ese momento. En 2.016, la empresa Gas Natural Fenosa, trajo gas equivalente al 22% del total de las importaciones, le siguió de cerca Trafigura con el 19%, la rusa Gazprom con el 11%, Vitol con un 11%, British Petroleum con el 10%, y la Traders Shell, quedó sexta entre 16 proveedores.


Todo el proceso de importación gasífera estuvo marcado por la participación de un nuevo actor, Chile, que entregó 350 millones de metros cúbicos, a un precio entre USD 6,90 y US$ 7,20 por millón de BTU, para compensar la caída en las entregas de Bolivia, el que entregaba el millón de BTU a un precio muy por debajo al que el país trasandino vendió a la Argentina; que en 2015 envió a nuestro país 5.970 millones de metros cúbicos, frente a una baja de 5.700 millones de metros cúbicos, en 2016.


Las Traders del negocio de combustibles líquidos, licitaron a su favor en el área del gas licuado, obteniendo, de las 16 ofertas de licitación de ENARSA por el GNL, once para Trafigura, tres envíos le corresponden a Glencore y dos a Cheniere, los cuales se entregaran en abril y agosto de este año.


Queda mucho camino para andar. La lucha por retor-nar a un sistema energético que se sostenga en el tiempo, con una verdadera independencia respecto de las poderosas transnacionales, construida en base a un modelo de producción con alto valor agregado y que promueva una diversificación a partir de la decisión de las comunidades, donde estas puedan accionar en la generación de un sistema energético por medio de la consulta y la participación directa. Un sistema que priorice las necesidades de la población por sobre el interés privatizador.

 

 Fuentes: 

1 - El sector de los hidrocarburos, los combustibles , las rentas y las perspectivas futuras. Autor Gustavo Lahoud diciembre 2015 IDEP.
2 - http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/11/09/argentina-resumen-de-conflictos-gremiales-y-sociales-se-masifican-los-conflictos-en-petroleras-por-falta-de-pago-del-acuerdo-salarialfrente-gremial-docente-acelera-y-va-al-paro-cta-neuquen-para-y-a/
3 - https://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-298685-2016-05-06.html

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