Se menciona que en el radio urbano de Comodoro Rivadavia tenemos un legado de unos 2500 pozos abandonados, resultantes de más de un siglo de explotación petrolera en la zona.

 

Por: Roberto Ochandio, ex trabajador petrolero.

 

Tal como en toda otra construcción humana, pasado un cierto tiempo estas instalaciones comienzan a degradarse y desarrollar pérdidas que contaminan a los acuíferos y el aire de la zona. Como consecuencia, la comunidad queda ahora ante la difícil y costosa decisión sobre el destino de esos pozos, sus impactos ambientales y sus riesgos sobre la salud.

Este es un tema complejo y que merece una breve descripción de la estructura de un pozo petrolero para poder entender el origen de estas pérdidas y las razones que llevaron a la situación actual.

Descripción del problema

En pocas palabras, el pozo se perfora, luego se instala una cañería de entubación, y finalmente se cementa el espacio anular entre la cañería y la pared del pozo. A esto le siguen las tareas de terminación necesarias para poner el pozo en producción.

Puesto simplemente, el problema comienza en el instante que se perfora el pozo. En un mundo ideal el pozo quedaría completamente vertical pero, por más cuidado que se tenga, todos los pozos tienen desviaciones. Como consecuencia cuando se instala la cañería de entubación ésta queda recostada contra una pared u otra del pozo. En pozos verticales este problema se trata de corregir por medio de centralizadores de cañería que tienden a proteger ciertas partes del pozo. En un pozo horizontal o dirigido, tal como los que se perforan en la costa frente al mar, este problema no se puede solucionar porque la cañería queda siempre recostada.

El paso siguiente es cementar la cañería. Nuevamente, en un mundo ideal la cementación formaría un anillo bien grueso, robusto, y duradero, sin embargo esto no es así. La realidad nos muestra que la cementación no forma un anillo alrededor de la cañería, tal como es la intención. Al estar la cañería recostada el cemento cubre un lado de la cañería pero no toda la circunferencia de la misma. Más aún, el espacio anular entre la cañería y el pozo es típicamente de unos 3 centímetros. Si la cañería estuviera perfectamente centrada, estos 3 cm serían toda la protección que ofrece el cemento. Tal como mencionamos anteriormente, como la cañería está recostada el anillo de cemento ni siquiera tiene estos 3 cm de espesor. Pero el problema no termina aquí, porque a estos problemas de diseño hay que sumarle la pérdida progresiva de integridad estructural.

Ni el cemento ni las cañerías son eternos. El cemento rápidamente pierde adherencia a la cañería o al pozo, se degrada y se quiebra, perdiendo la capacidad de aislación para la que fue diseñado. Por su parte, las cañerías están sometidas a temperaturas y presión en un medio corrosivo, por lo tanto no tardan mucho en desarrollar picaduras por corrosión, rajaduras, y pérdidas por las uniones roscadas. Esto da lugar a pérdidas de gases o petróleo que, con el tiempo, migran hacia la superficie o contaminan los acuíferos subterráneos.

Las estadísticas demuestran que el 6% de todos los pozos nuevos tienen fallas estructurales, es decir pérdidas debido a cementaciones o cañerías falladas o rotas. Más aún, después de unos 30 o 40 años todos los pozos desarrollan fallas de todo tipo y comienzan a perder aislación. Con el tiempo, el 100% de los pozos desarrollan pérdidas. Esto es inevitable debido a la corrosión natural de las cañerías de acero y la poca vida útil que pueda tener el cemento. Esto es fácilmente verificable por los estudios hechos en los EEUU, Canadá y otros países.

Como dato estadístico, en Porter Ranch, California, hubo en el 2015 una gran pérdida en pozos reservorio de gas. Durante las audiencias para analizar estas pérdidas, el gerente de operaciones de SoCal, la compañía responsable, manifestó que ellos son conscientes que todos los pozos desarrollan roturas de cañerías antes de los 40 años. Esto en el mejor de los casos. Dependiendo de las formaciones hay cañerías que desarrollan pérdidas en tan solo 5 o 6 años.

La experiencia indica que las fallas de cementación y de las cañerías es el problema más viejo que tiene la industria del petróleo, el cual no han podido solucionar en los 160 años de historia de esta actividad. No es de extrañar que los pozos de Comodoro, muchos de ellos con más de 70 años de antigüedad, den lugar a pérdidas en superficie.

Abandono de pozos

Las fallas de integridad estructural se manifiestan bien pronto durante la vida productiva del pozo. Queda por analizar el comportamiento de las compañías operadoras una vez que el pozo deja de producir. Aquí hay varios problemas que se combinan:

Por un lado, dependiendo del tipo de formación productiva podría ser que el pozo, después de algunos años, recupere algo de su productividad. En las formaciones de areniscas de Comodoro esto se da a menudo. No es que el pozo pueda producir lo mismo que cuando era nuevo, pero siempre está la ilusión de sacarle unos pocos metros cúbicos mas de petróleo. Usando ese argumento como excusa, no se invirtió en los procedimientos de clausura, pese a que este es un procedimiento obligatorio para todos los pozos de petróleo y gas.

La esperanza de una recuperación de la producción no es la misma para pozos no convencionales. Este tipo de formación, por su naturaleza, no puede recuperar su productividad: una vez agotado el pozo corresponde hacer el procedimiento formal de abandono. El panorama se complica cuando consideramos que los pozos no convencionales tienen muy baja productividad, lo cual obliga a perforar continuamente para mantener las cuotas de producción. Como ejemplo, en el yacimiento gasífero no convencional Barnett Shale, de Texas, ya llevan perforados mas de 19.000 pozos, y es de presumir que este será también el caso en la Argentina una vez que comiencen los trabajos en Vaca Muerta u otros depósitos no convencionales. Esto significa que el futuro nos depara miles y miles de pozos abandonados y con pérdidas potenciales.

Por otro lado, las compañías petroleras se niegan a invertir en el procedimiento de sellado y abandono en un pozo al cual ya no le pueden sacar más ganancias. La inversión se haría solamente si les pudiera redituar algún beneficio, pero el pozo ya dejó de producir por lo tanto estos procedimientos se ven como pérdida neta. Lo mismo sucede con la minería: cuando se acaban los depósitos minerales dejan el problema para que se encargue el gobierno. Un ejemplo es la mina de plomo cerca de San Antonio Oeste, o las minas que hicieron cerca de Gan Gan.

La idea es que corrigiendo algunos daños que puedan tener la cañería o la cementación, más la instalación de unos tapones de cemento, ya sería suficientes para evitar cualquier pérdida que pudieran tener los pozos. Lamentablemente, esto se basa en la suposición que las cañerías de entubación y la cementación de los pozos son eternos, cuando la experiencia diaria de nuestra zona nos dice que no es así.

Considerando la antigüedad de estos pozos es poco probable que los problemas se puedan resolver fácilmente. Aún si existiera la buena voluntad del gobierno para obligar a las compañías a reparar y sellar esos pozos, los costos de estos procedimientos serán millonarios.

A menos que la población reaccione enérgicamente, una vez más nos veremos enfrentados al viejo principio del sistema capitalista: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.

Para no caer en esta trampa es fundamental que la población conozca el problema y tome conciencia que los daños ambientales están a cargo del que los produce. Una parte del total de ganancias obtenidas en la extracción del pozo debe haber sido asignada a los procedimientos de reparación y abandono del pozo y la recomposición ambiental del área destruida, y es función del gobierno asegurarse que las compañías se harán cargo de su responsabilidad contractual. Las compañías petroleras, no el gobierno, deben asumir todos los costos de identificar a los pozos abandonados, las reparaciones necesarias, y el procedimiento de abandono que permita minimizar las pérdidas potenciales de estos pozos.

“Pájaro que comió, voló” nos dice el viejo dicho, y es responsabilidad de nuestros funcionarios municipales, provinciales y nacionales asegurarse que estos “pájaros” se hacen responsables por sus propios daños, con su propio bolsillo, antes de desaparecer de nuestras vidas.

Roberto Ochandio, ex trabajador petrolero
Marzo 2017

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