Diálogos para pensar una nueva emancipación en el Bicentenario de la Independencia.
Soberanía, Bienes Comunes y Extractivismo.

 

Resumen y Conclusiones del Foro Nacional de Debate.

Diálogos para pensar una nueva emancipación en el Bicentenario de la Independencia.
Soberanía, Bienes Comunes y Extractivismo.

En los dos paneles desarrollados en el Foro debate, tanto en el primero, donde se plantea centralmente, la oposición del modelo extractivista imperante como eje central del modelo de acumulación actual, frente a los bienes comunes, como en el segundo, Soberanía Energética y Modelo Productivo. ¿Energía, como y para quién? resalta la idea central de la primacía del capital imponiéndose a toda costa sobre los trabajadores con nuevas formas de súper-explotación, y también sobre los bienes naturales. En el primer panel quedo claro esto, reflejado en que a pesar de las legislaciones vigentes, como por ejemplo la ley 7722 de Mendoza que prohíbe la mega- minería con uso de sustancias toxicas, igual las empresas intentan imponerse a toda costa, es en este sentido que cuando surge la imposibilidad de concluir definitivamente con estas imposiciones, las empresas y el estado intentan crear un falso consenso en el cual los medios de comunicación juegan un rol fundamental, construyendo un discurso en torno de lo que ellos llaman minería sustentable , y la tan mentada responsabilidad social empresaria. Aparece la idea de un extractivismo periodístico, que va desde concentración de medios hegemónicos a la concentración de negocios, esta hegemonía limita la participación, donde los dueños condicionan la forma de comunicación de los trabajadores, ahí aparece la importancia de los medios alternativos que cristalizan las luchas que se dan en diferentes espacios, concluyendo en este sentido que el modelo necesita de los medios y de estas formas de opresión de la comunicación.


La crisis del sistema en su conjunto muestra que la competencia y el mercado mundial posibilitan y controlan todas las actividades, una arquitectura financiera impone la cadena de valor global que produce sin equidad, es tal la desigualdad que el 1 % de la población es dueña de la mitad de las riquezas del mundo.
El poder tiene la estrategia de apoderarse de las banderas populares para que nada cambie.

La traducción de estas desigualdades se extiende hacia los territorios que sufren las consecuencias de un modelo de desastre que impacta sustancialmente en la modificación del clima, claramente las cuencas hídricas sufren directamente por esta modificación e incidencia directa del modelo de destrucción, que a pesar de estar protegidas por una legislación específica, no hay una decisión política de hacerla cumplir, todo los contrario.

El modelo de producción agrícola local sufre directamente por esta realidad, porque este se nutre de, originalmente, de glaciares y nieve, que escurren cíclicamente rio abajo, constituyendo al agua como una reserva estratégica, sobre todo los ríos cordilleranos que abastecen a 12 provincias.

El modelo actual provoca dos grandes problemas: El retroceso de los glaciares por el calentamiento local y la baja de agua rio abajo además de su contaminación. Es evidente el riesgo de las cuencas por los proyectos en su entorno.

Es llamativo que las provincias donde estos mega-emprendimientos se desarrollan carezcan de debate en torno de la cuestión del agua, pese a que las cuencas hídricas son un bien de soberanía y una necesidad para las futuras generaciones.

De este debate aparece como necesaria la crítica y la independencia de los intelectuales como algo fundamental. Un hecho histórico es un proceso único e irrepetible con sus particularidades, por eso es necesario un espacio de debate en la academia para abordar y analizar esta complejidad.

La necesidad de perspectivas para obtener una verdadera independencia, requiere romper con los sujetos activos de la economía mundial presentes en nuestros territorios.
El rompimiento del capitalismo con sus propios límites nos impone opciones nefastas y nos conducen a una barbarie o la destrucción total de los bienes comunes y la vida misma. Su impronta depredadora y extractora produce muerte y afectación de las poblaciones, es necesario abandonar la necesidad de cuantificar los daños que produce, por eso es necesario mirar el modelo desde la salud, la tierra y la gente.

La realidad de los pueblos fumigados y la oferta química del modelo es más que suficiente a la hora de demostrar el daño, el modelo implementa una política estratégica, lo suficientemente efectiva: construye política del silencio. Esta determina lo que debemos saber y lo que no.

Aparece un elemento que construye un discurso desde nuestras derrotas, hay un silencio en torno de nuestras fortalezas, o por lo menos un espacio de debate en torno de estas, muy débil.

Una nueva identidad de clase, un sujeto activo y protagonista de las luchas por el territorio emerge y legitima las voces de los pueblos que luchan.

El contexto mundial marca la crisis energética como una de sus particularidades de la crisis generalizada del sistema, en los 250 años de revolución industrial, las líneas paralelas de los hidrocarburos y los metales se juntan en un declive conjunto, por un lado el Pik Oil y por el otro el Pik Metal o rarefacción de los metales, la producción energética relativa de la producción primaria y secundaria de minerales amplia el requerimiento de la matriz de los países mega consumidores y mega productores de bienes, esta crisis particular implica mayor extracción de hidrocarburos, convencionales, los remanentes de los convencionales , los no convencionales y la gasificación subterránea de carbón, presente en Argentina en la cuenca de Claromecó.

La sujeción de los modelos energéticos en toda América Latina coincide con la expansión de la frontera energética y el acaparamiento energético de los países centrales.
Desposesión y concentración, son dos ejes que prevalecen también en las características centrales de la crisis energética, la cual tiene a su vez particularidades complejas, lo que genera una fuerte necesidad de hablar de energía desde otra mirada, desde una integración regional que le sirva a nuestros pueblos, contrario al modelo energético que genera aun mas pasivos ambientales y una contaminación cada vez más insostenible, frente a ello los EEUU promueve fuertemente dentro y fuera de sus fronteras la extracción intensiva de no convencionales , hegemonizando la producción mundial a partir de su tecnología.

El complejo esquema mercantilizado energético requiere una re-concepción de la energía como un Bien Social y como un derecho Humano al servicio del pueblo. La mercantilización es parte de la concepción de mercado, es decir un estado que habla de mercado habla en nombre de las empresas, la competencia es en realidad la tendencia natural del modelo de acumulación hacia la monopolización de la distribución. La imposibilidad de contener este modelo de producción mega consumidor; hace falaz la idea de las energías renovables como una posibilidad de sanear el sistema en su conjunto. Para eso es necesario recuperar el Estado y la soberanía en términos del pueblo. Hay un evidente avance transnacional del sistema energético, subsidiando a las transnacionales extractoras de hidrocarburos y pagando un petróleo a un precio aun mayor que el internacional, creando así un petróleo criollo.

La participación civil y la modificación del marco regulatorio es hoy más urgente que nunca, el control de los usuarios de la empresa pública, como así la recuperación total de YPF y la generación de un Programa Energético Nacional que contemple un verdadero balance entre la matriz energética y el modelo de producción.
La energía como derecho social y derecho humano debe ser el norte de esta política.

El marco de todo este análisis y la conclusión de la necesidad de romper con toda la impronta destructiva capitalista, se encuentra y confronta con la concepción del Buen Vivir de las naciones originarias, que interpela la matriz civilizatoria occidental de conjunto que nos lleva a pensar el mundo desde otras visiones , más cercanas a las cosmovisiones de los pueblos que habitan este territorio milenariamente, desde una perspectiva de reciprocidad y entendimiento, donde el territorio sea la base de sustento de este Buen Vivir, que estos no sean territorios acotados a una fuerza de ocupación. Un millón de hectáreas regaladas a la corona inglesa en 1880, como parte de este esquema de ocupación y desplazamiento de los pueblos originarios, hay una afrenta sobre la vida misma de los ríos, construyendo represas para la energía que necesitan las multinacionales extractivas. El dialogo cosmocentrico con la mapu hace de esta una lucha espiritual, los espacios sagrados son invadidos por las empresas con sus proyectos, frente a esto el territorio constituye a los pueblos, porque hay otra forma de habitar los territorios. Es en este sentido una necesidad la unidad a partir del consenso y la diversidad que genere una verdadera revolución ancestral, y que nos haga repensar el concepto de desarrollo y de evolución.
La necesidad de luchar va más allá de los derechos del mundo occidental.

El Buen Vivir es un desafío a alcanzar y una oportunidad de salvar al mundo de la destrucción capitalista.

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